El estudio, basado en 16 años de seguimiento en Tierra de Campos, identifica una señal climática que puede ayudar a mejorar la prevención de las plagas y muestra cómo la investigación a largo plazo se traduce en conocimiento útil para el territorio y la sociedad.

En Castilla y León, las explosiones poblacionales de topillo campesino (Microtus arvalis) constituyen un problema que va mucho más allá de los daños en los cultivos. En los episodios más graves, las pérdidas agrícolas pueden alcanzar hasta el 80 % de la producción esperada y la elevada presencia de estos pequeños roedores supone también un riesgo para la salud pública por su relación con la transmisión de la tularemia.

Poder anticipar cuándo pueden crecer sus poblaciones permitiría actuar antes de que el problema alcance esas dimensiones. Y en esa dirección avanza una investigación desarrollada por la Universidad de Valladolid (UVa) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), basada en 16 años de seguimiento en Tierra de Campos.

El equipo científico, codirigido por Juan José Luque-Larena, catedrático de Zoología de la Universidad de Valladolid, y François Mougeot, investigador del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (CSIC-UCLM-JCCM), ha identificado una señal climática que permite anticipar, con aproximadamente un año de margen, el crecimiento de las poblaciones de topillo campesino.

La lluvia como señal de alerta temprana

Los resultados, publicados en la revista científica internacional Pest Management Science, son fruto del proyecto RATALERT, financiado por la Agencia Estatal de Investigación y ejecutado por la Universidad de Valladolid.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo investigador ha analizado los datos recogidos entre 2009 y 2025 mediante el seguimiento de poblaciones de topillo campesino en seis localidades de Tierra de Campos, la comarca de Castilla y León más afectada habitualmente por estos episodios.

El estudio señala que la precipitación acumulada entre marzo y julio del año anterior constituye un indicador relevante del crecimiento posterior de las poblaciones. Combinada con los ciclos reproductivos de la especie, esta señal permite explicar el 43,2 % de la variación observada.

No se trata, por tanto, de una predicción infalible. En las explosiones poblacionales intervienen numerosos factores, pero disponer de esta información con meses de antelación puede ayudar a identificar situaciones de mayor riesgo y reforzar el seguimiento antes de la siguiente campaña agrícola.

Como explica Juan José Luque-Larena, investigador principal de RATALERT, «lo importante es disponer de información con suficiente antelación para poder tomar decisiones». El objetivo, señala, es avanzar desde una gestión fundamentalmente reactiva hacia una gestión preventiva que permita identificar con tiempo dónde es necesario intensificar el seguimiento.

François Mougeot destaca también el potencial de combinar la información climática con el conocimiento sobre la dinámica de las poblaciones para disponer de un sistema de alerta más útil para la gestión que esperar a que el número de topillos haya alcanzado niveles elevados.

De reaccionar a anticiparse

La posibilidad de contar con señales tempranas adquiere especial importancia en una comunidad que convive periódicamente con este problema.

El episodio de 2006-2008 mostró la magnitud que pueden alcanzar estas explosiones poblacionales. Entonces se vieron directamente afectadas unas 500.000 hectáreas, con densidades estimadas de entre 700 y 2.000 topillos por hectárea. Además de los daños en los cultivos, la elevada presencia de estos roedores llegó a afectar a poblaciones cercanas y generó problemas sanitarios.

Desde entonces, el conocimiento sobre la especie y su dinámica ha avanzado. Castilla y León cuenta desde 2019 con una estrategia específica para abordar estas situaciones y el seguimiento continuado de las poblaciones proporciona cada vez más información para comprender cuándo y por qué se producen sus ciclos expansivos.

La nueva investigación añade una pieza más a ese conocimiento: una señal que puede advertir con suficiente antelación de condiciones favorables para el crecimiento de las poblaciones y permitir que administraciones y responsables de su seguimiento intensifiquen la vigilancia allí donde resulte necesario.

Investigación con impacto en la sociedad

El trabajo pone también de manifiesto el valor de mantener programas científicos de seguimiento a largo plazo. Los resultados que hoy pueden contribuir a anticipar el riesgo de crecimiento de las poblaciones son posibles gracias a una serie de datos recopilados durante 16 años de manera continuada sobre el terreno.

Esa perspectiva temporal permite detectar patrones que difícilmente podrían identificarse mediante observaciones puntuales y transformar los datos científicos en información con aplicación práctica.

En este caso, conocer con mayor antelación las condiciones que pueden favorecer un aumento de las poblaciones de topillo puede ayudar a orientar mejor los recursos destinados al seguimiento, apoyar la toma de decisiones de las administraciones y reducir la incertidumbre ante un fenómeno con importantes consecuencias para el sector agrícola y la salud pública.

La investigación muestra así cómo el conocimiento científico puede tener una aplicación directa sobre problemas que afectan al territorio. Años de trabajo de campo, recopilación de datos y análisis permiten comprender mejor un fenómeno complejo y proporcionar herramientas para pasar de reaccionar cuando el problema ya está presente a disponer de información para anticiparse.

Un ejemplo de cómo la investigación desarrollada desde la Universidad puede salir del ámbito estrictamente científico y convertirse en conocimiento útil para la sociedad.